Mi pensar es construido en interacción social: por imitación, por consentimiento, por rechazo.
Yo no tengo un plan acerca de la forma en que esto pueda llegarse a solucionar, no tengo por lo menos aún la capacidad para discernir cuál de todos es el argumento que empíricamente contenga la verdad.
Se me ocurre como algo díficil de alcanzar, probáblemente algo meramente ideal a corto y mediano plazo, el elaborar una forma de organización económica y social mundial que permita disminuir la crueldad y esclavización continua de formas de vida no humanas, al mismo tiempo que mantener una escala de crecimiento poblacional como la actual.
Quizás el especismo sea una posición humana respecto al resto de las especies que favorezca su perpetuidad: la igual consideración de intereses a los miembros de otras especies se limita a aquellas que no se ven atravesadas por intereses humanos. Donde exista un interés económico-social por una especie, la conceptualización humana de la misma suprime su carácter natural, su libertad de nacer, vivir y morir en un medioambiente natural. 
Una predisposición del humano por preservar su especie, que de alguna forma, se ve expresada en las diferentes actividades que realizamos modificando nuestro entorno a nuestra conveniencia. Pero el humano se ve conformado por algo más que predisposiciones biológicas, instintos y necesidades fisiológicas, al contener en la mezcla que lo hace existir: sentimientos, prejuicios, elaboraciones racionales, ideas compartidas socialmente. ¿Hasta qué punto el pensamiento puede ordenar la vida humana sin ser la expresión racional de una condición biológica (preservación de la especie)? ¿Qué tan dispuesto está el individuo social de incurrir en el gasto que implica modificar sus costumbres por una inquietud que le sugiere su forma de vida en el mundo?
El sufrimiento animal propio de la producción carnívora a la escala actual no se limita al momento de ser cortadas sus partes y dada por finalizada su vida. Por esta diferencia es que podría concebir una alimentación que comprendiera animales nacidos y crecidos en un medioambiente natural, o como mínimo, de limitada libertad compensada con cuidado y comprensión por parte del humano que los hiciera permanecer a su lado. La vida del animal industrializado, en cambio, es plena en sufrimiento, por nacer, reproducirse y morir en ambientes artificiales cuyo propósito es la disminución de costos y maximización de utilidades para la producción a escala, no el respeto por el conjunto de especies no humanas. El humano no se ha limitado a hacer esto sólo con otras especies, sino también consigo mismo: el argumento del ser o no ser humano, del ser o no ser racional, no tiene validez en esta elaboración. Esto último podría explicarse, en términos evolutivos, como una forma en que un grupo dominante, superior en número o poder, utiliza y explota a otro inferior para su provecho y perpetuidad.
También la agricultura repercute en el medio ambiente natural, porque los humanos no comemos la misma clase de trigo que existió en un principio (selección artificial), ni podríamos alcanzar niveles de producción como los actuales sin el uso de agroquímicos que lo permitan. Agroquímicos que extinguen la vida de porciones de cadenas alimenticias, repercutiendo en la cadena completa, y afectan el medio tanto natural como artificial, al llegar a perjudicar incluso a las poblaciones cercanas a las plantaciones (situación que de tanto en tanto, por malas prácticas, alcanza a lograr la muerte o modificación permanente de las condiciones de vida de grupos sociales). 
La alimentación carnívora requiere de la ganadería, la cual requiere también de la agricultura que permita alimentar a las especies animales producidas.
Entonces la vida humana no puede existir sin que su proliferación y perseverancia en la faz terrestre no modifique las demás formas de vida, incluso con violencia y daño irreversible si la escala del cambio es suficiente. Sin embargo, el daño puede ser minimizado.
¿Cuál es la situación preferible ante el incendio de una casa habitada?
a) emprender el rescate de toda persona que pueda estar en peligro, teniendo presente la posibilidad de que no todas puedan rescatarse o resultar vivas;
b) descartar el esfuerzo que implica emprender un rescate, en la creencia de que, muy probáblemente, por mucha sea la dedicación invertida en el rescate, al menos una persona morirá.
¿Cuántas personas estarían dispuestas a modificar su forma de vida, dentro de pautas incluso modestas, para minimizar el sufrimiento animal?
¿Cuánto tiempo más la dieta y costumbres del humano promedio, basadas en sus sensaciones, pensamientos y actitudes, serán contenidas frente al cambio, por conveniencia e interés personal, en detrimento de una posible y concretable disminución del sufrimiento animal, en un respeto más profundo por lo que nos ha logrado dar forma, la naturaleza?